Estados Unidos de América

8 al 11 de Junio de 1999
Nueva York y Houston

A las doce de la noche del martes 8 de junio, Hugo Chávez Frías arribaba a la ciudad de Nueva York, en lo que constituyó su primer viaje a los Estados Unidos de América como Presidente constitucional, iniciando una intensa agenda a las siete y cuarenta y cinco minutos de la mañana del miércoles 9.

En este viaje destacan, aparte de un par de reuniones que sostuvo con los miembros del Consejo de Relaciones Internacionales y del Consejo de Las Américas, las entrevistas con Willliam Harrinson, Presidente del Chase Manhattan Bank y con William Rhodes del Citibank, con quienes trató el tema de las privatizaciones, entre otros.

En esta ocasión, nuevamente, estuvo acompañado por una importante comitiva empresarial, entre quienes destacaban el Presidente del Banco Industrial de Venezuela, Fernando Alvarez Paz; el Presidente del Fondo de Inversiones de Venezuela (FIV), Antonio Giner; el Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), Clemente Scotto; y el Ministro de Relaciones Interiores, Ignacio Arcaya, quien hasta hacía poco tiempo había sido Embajador de Venezuela ante la ONU.

En términos generales, el mandatario venezolano ofreció garantías para la inversión extranjera, prometió continuar pagando la deuda externa del país y exilió de su vocabulario el término “moratoria”, sustituyéndolo por el de “reingeniería”, para plantear el canje de deuda por inversión y negociar la extensión de algunos plazos de pago más allá del 2008.

El jueves 10 de junio en el Hotel Waldorf Astoria, sostuvo un encuentro ante aproximadamente 600 empresarios, donde señaló entre otras cosas que el FMI cumplía una buena función y que iba a seguir cumpliéndola en el mundo.

Las agencias de noticias en Venezuela señalaron que la tarea cumplida por Chávez Frías en los Estados Unidos de América parecía traslucir un interés pragmático: obtener dinero fresco para refinanciar la deuda y poder costear nuevos proyectos de inversión.

Cabe destacar que el viaje fue realizado en vísperas de una nueva colocación de bonos de la deuda pública venezolana, una opción que estaba evaluando el gobierno de Venezuela; textualmente al referirse al tema señaló: “…creemos que es el momento para ir al mercado…”, ya que se estudiaban más de 25 propuestas de bancas de inversión para la colocación.

En otro aparte de su visita dijo: “…nuestras relaciones económicas, comerciales y políticas con EE.UU. han sido y seguirán vitales, estamos deseosos de consolidarlas mucho más de lo que están, ampliarlas y consolidarlas en todos los órdenes posibles…”.

Sobre este viaje, el para el momento Presidente de la Cámara de Comercio Venezolano Americana, Jorge Redmon, señalaría que “… fueron reuniones cortas, donde no todos los temas se han podido profundizar, pero en el esquema general de las cosas el Presidente de la República ha dejado una muy buena impresión…”.

En Nueva York, Chávez Frías también se entrevistó con el General Barry McCaffrey, máxima autoridad estadounidense en materia de lucha antidroga, a quien recibió, junto al entonces Embajador de esta nación en Venezuela, John Maisto, en la residencia del representante venezolano en las Naciones Unidas, lugar donde se alojó durante su estadía en esa metrópoli.

El encuentro con el llamado “zar antidrogas” estadounidense se realizó en dos partes, en la primera de ellas participaron personalidades del alto gobierno de ambos países vinculadas a la problemática; y, posteriormente, se llevó a cabo un encuentro privado con solo la presencia de la traductora que acompañó al mandatario venezolano.

Cabe recordar que durante ese año (1999) el gobierno de Chávez Frías había negado el sobrevuelo de aviones militares por territorio venezolano,
solicitado por el gobierno estadounidenses alegando la lucha antidrogas.

Luego del intercambio de puntos de vistas sobre el controvertido tema, el alto militar estadounidense dijo que tanto él como el Embajador Maisto habían acudido al encuentro “…en representación del Departamento de Estado y del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos por dirección del presidente Bill Clinton…”.

Por su parte, Chávez Frías, con posterioridad al encuentro, indicó refiriéndose al sobrevuelo “…no hay ningún problema. Ellos nos entendieron. Hemos cooperado y vamos a seguir cooperando…”. Sobre el mismo tema, también aseveró que durante su gestión habían aumentado los decomisos de drogas en Venezuela, enfatizando que “…el paso de aviones norteamericanos por cielos venezolanos no hace falta para combatir el narcotráfico, pues podemos coordinar otras acciones…”.

Luego de concluida la agenda de actividades previstas en la ciudad de Nueva York, el Presidente y su comitiva se trasladaron a la ciudad de Houston, donde llegaron alrededor de la medianoche del 10 de junio por la Base Aérea Ellinton Field.

En Houston, donde le fueron concedidas las llaves de la ciudad, compartió un desayuno de trabajo con el ex-presidente George Bush y sus dos hijos: George W. Bush, Gobernador del estado de Texas y precandidato presidencial por el Partido Republicano, y Jeb Bush, Gobernador del estado de Florida.

Luego de estos importantes contactos políticos, inició una intensa agenda que comprendió reuniones con representantes de diferentes corporaciones y un almuerzo‒conferencia patrocinado por la Asociación de Empresarios de Houston y la Citgo Petroleum Corporation, que contó con la asistencia de más de 400 inversionistas y ejecutivos petroleros, a quienes expuso las potencialidades y planes del sector energético en Venezuela.

Entre las firmas, a cuyos representantes les expuso la política económica y petrolera venezolana, destacan American Airlines, Conoco, Pnnez Energi, Texaco, Murphy Oil, Claivorne Deming y Phillips Petroleum.

Pocos días después, exactamente el 14 de junio de 1999, el primer mandatario venezolano sostendría una conversación telefónica con el presidente Clinton; luego, el 22 de junio, estuvo de visita en Venezuela el presidente del Export-Import Bank, James A. Harmont, y, posteriormente, en el mes de julio visitaba Venezuela el General Barry McCaffrey, lo cual en su conjunto configuraba un cuadro de fluidez a los más altos niveles de la relación bilateral, a pesar de la legítima negativa venezolana a los sobrevuelos militares y oficiales estadounidenses por el espacio aéreo nacional.

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