Estados Unidos Mexicanos

Ciudad de México, 21 y 22 de Diciembre de 1998

En la continuación de sus viajes al exterior el nuevo mandatario venezolano llega a México el día 21 de diciembre de 1998, donde es recibido por el Presidente de esa nación, Ernesto Zedillo, así como por importantes autoridades gubernamentales e inversionistas aztecas.

Dentro del amplio espectro de las relaciones bilaterales entre Venezuela y México, se manejaban entre otros importantes temas, los recortes de la producción petrolera con productores No-Opep, el Acuerdo de San José, el Grupo de los Tres (G-3), inversiones y, en general, el proceso de integración latinoamericano. Estos temas ocuparon el foco de atención en la agenda de más de dos horas de conversaciones Chávez‒Zedillo.

Así, en Ciudad de México, el presidente Chávez indicó que su política exterior estaría dirigida a impulsar la integración de Venezuela con todo el continente americano.

De su reunión con el mandatario Zedillo, efectivamente, señaló que se analizaron diversos temas de la agenda bilateral, destacando “…la coincidencia de mantener la cooperación regional en apoyo a Centroamérica mediante los acuerdos de San José…”, además del fortalecimiento del G-3.

Con respecto al mercado petrolero internacional, afirmó en rueda de prensa ofrecida, luego de la reunión con su homólogo, que “… es urgente defender los precios del petróleo debido a la fuerte dependencia de las finanzas públicas…”.

Al efecto, el Presidente Chávez indicó que recibiría para el año de 1999 un presupuesto nacional donde el precio del barril de petróleo estaba estimado en catorce dólares (U.S. $ 14), cuando el mismo había llegado a estar por debajo de los ocho dólares (U.S. $ 8), razón por la cual había que pensar en tomar medidas para evitar un déficit fiscal de alrededor del diez por ciento (10%), producto de la caída de los ingresos petroleros.

En este contexto, los dos mandatario conversaron sobre la creación de “…una estrategia común para la recuperación de los precios del barril de crudo…”.

Específicamente, en relación a acuerdos de reducción de producción de petróleo pactados entre Venezuela, México y Arabia Saudita, el Presidente electo de Venezuela expresó que “…hasta ahora Venezuela no ha cumplido totalmente con ese compromiso de reducción de 525.000 barriles diarios…” , señalando que se cumpliría a cabalidad durante su mandato, que se iniciaba el 2 de febrero de 1999.

Reiteró su intención de impulsar la política de integración latinoamericana, refiriéndose nuevamente a la posibilidad del ingreso de Venezuela al Mercosur; pero indicando, al efecto, “…claro está, respetando los acuerdos ya suscritos…”.

Adicionalmente en esta primera visita a México también se reunió con empresarios e inversionistas locales, como parte de sus iniciales contactos en la búsqueda de inversiones extranjeras.

Igualmente sostuvo encuentros con el Ministro de Energía, Luis Téllez; de Hacienda, José Angel Gurría; de Gobernación, Francisco Labastida, y de Relaciones Exteriores, Rosario Green.

Su regreso a Venezuela se produjo el martes 22 de diciembre, y ocho días más tarde (el 30 de diciembre de 1998) se produce el encuentro con el enviado especial del presidente William Jefferson Clinton, Peter Romero, Subsecretario de Estado estadounidense para asuntos interamericanos, lo que se podría denominar el primer contacto oficial entre el gobierno estadounidense y la nueva administración que se empezaba a instaurar en Venezuela.

Es preciso recordar que este acercamiento había estado precedido por un contacto telefónico entre el ex-presidente James Carter y el mandatario venezolano, cuando este último se encontraba en los estudios de una emisora de televisión local, en momentos en que era entrevistado por el triunfo obtenido en las elecciones de 1998; dicho contacto, posteriormente, se materializó en las instalaciones de la Viñeta-Círculo Militar, donde el ex-mandatario estadounidense fue portavoz de un mensaje de congratulación del presidente Clinton, lo cual ya era un reconocimiento o aceptación de la nueva realidad política venezolana, por parte de la primera potencia del mundo.

Sin embargo, en ocasión de la visita del subsecretario Romero, éste en las puertas de la Viñeta, al referirse al proceso de reformas que se avecinaba en Venezuela, indicó que los Estados Unidos apoyarían los cambios institucionales que pretendía llevar adelante el nuevo Presidente de Venezuela que se hiciesen dentro del marco constitucional. Al efecto, el alto representante, textualmente, señaló: “… nosotros estaremos con él mientras opere dentro de los parámetros constitucionales para reformar el país y para el bienestar de la población…”.

Hay que recordar que, en esos momentos, estaba efervescente en el país el debate sobre la manera de cómo llevar a cabo la convocatoria para la realización del proceso constituyente; sobre cuyo particular, la Corte Suprema de Justicia de Venezuela no se había pronunciado.

Así, puede decirse que el debate estaba centrado en una cuestión meramente interpretativa sobre las dos tesis que en esos momentos estaban planteadas, las cuales eran la reforma o no de la Constitución Nacional, para llamar a un referéndum, a los efectos que se convocara una Asamblea Nacional Constituyente, referéndum éste que no estaba previsto en la Constitución de 1961.

De manera que, aún cuando no fue explícitamente declarado, el señalamiento del subsecretario Romero para algunos analistas fue interpretado como una advertencia o injerencia en asuntos domésticos; constituyéndose, al mismo tiempo, en el inicio de varias declaraciones que, en el mismo sentido, emitiría en diferentes escenarios el representante del gobierno estadounidense.

Por otra parte, es menester señalar que la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente había sido, quizás, el elemento de mayor profundidad y alcance en el discurso político del, ahora, Presidente y de la nueva dirigencia política venezolana que asumía el control del aparato estatal; quienes se habían venido formando desde hacía más de dos décadas bajo una ideología esencialmente bolivariana y nacionalista, teniendo precisamente en estos elementos, así como en los de soberanía, autodeterminación y en otros conexos, sus principios y convicciones políticas fundamentales.

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